El Extraño.
Antes de comenzar el relato, me gustaría tomar unas líneas para realizar algunas aclaraciones que considero importantes.
Como muchos lectores (en especial los aficionados a la literatura fantástica) deben saber, Howard philip lovecraft escribió un relato cuyo título en español es “El extraño”, aunque también puede encontrase con el encabezado de “el intruso”, el cual es menos conocido. Tomando en consideración este detalle, cabe resaltar que ésta historia no se relaciona, ni completa, ni particularmente con la obra de lovecraft (acotando que muchos autores han utilizado su obra para complementar las de ellos, detalle que se observa claramente en los llamados “Mitos de Cthulhu”), la única conexión lógica y tangible pasa a ser él titulo de ambas historias, que por lo demás es una triste coincidencia.
Habiendo aclarado dicho punto y esperando que este cuento sea de sus agrados.
Se despide
_I_
El Extraño avanzaba en su lento caminar, con su abrigo largo meneado por el débil viento ocasional, con su bufanda oscura ceñida al cuello, con su severa mirada apuntando al suelo llano, con su impávido rostro carente de toda expresión... Sin tomar en cuenta nada más, andaba por aquella solitaria avenida nocturna. La calígine abrasadora cubría con ímpetu los alrededores, lo cual brindaba al ambiente un aspecto lóbrego y misterioso, no carente de cierta repulsividad visual tan propia de lugares donde la miseria y la descomposición forman parte importante de todo el entorno. En la pobreza mas desnuda y opaca, donde los hombres se pierden en los tentáculos del futuro insipiente y siempre adverso, hay donde el frío y el hambre transforman al niño en un rufián, donde las bestias acechan y persiguen sin dar tregua alguna a sus victimas . La calle era profunda y la frívola oscuridad trazaba completamente su destino, solo el Extraño caminaba, imperturbable, como si en su corazón nada se alojara.
La avenida estaba desierta, desprovista de toda animación, movimiento o vida, solo el Extraño que andaba como flanqueando a la nada, asiendo caso omiso a las antiguas casas. Cuales pululaban alrededor de la vía, con sus revoques desgastados, puertas mohosas y ventanas rotas. Los escasos faroles entregaban una despreciable carga de luz que aportaba más en el misticismo oscuro y repugnante del lugar, que en su revelación por medio de la claridad que deberían brindar, pese a todo el Extraño seguía caminando a paso lento, casi tortuoso por aquella vereda desierta y oscura.
Las ratas corrían por las calles cargadas de una repugnancia sobrecogedora, una suciedad mísera, que más que asco provoca una sensación que si no es lástima, deber algo en gran medida similar, de alguna forma el hombre ha tendido a sentir misericordia por todo aquello que supone para él algo grotesco, como si cierto aspecto de la maldad tuviese la característica de ser débil e indefenso ante el enorme y poderoso espectro del bien, talvez de eso también tengamos culpa lo seres humanos...por otro lado el Extraño pareciera no sentir misericordia alguna, o talvez frente a él la maldad adquiere aquella característica de menuda e indefensa de la cual nos sobrecogemos.
Una sombra apenas visible se divisó a la distancia, el extraño pudo verla sin mayor detalle, era una figura de errático andar, tambaleante al punto de que parecía no tener eje alguno en el cual sustentar su equilibrio. En la negrura cada vez más insondable, más espesa y siniestra, el Extraño divisaba cada vez con más detalle a esa criatura fatua que a el se acercaba como arrastrándose en la penumbra nocturna.
La luna menguante hizo presencia en aquel desolado lugar, su tenue luz, al igual que la de los focos, más que ayudar a aclarar, parecía colaborar con el horrendo misticismo reinante en el que dos extraños estaban a punto de encontrarse al interceptar en aquel lugar sus caminos. El rostro de la criatura al fin fue visible, con una mirada perdida y una sonrisa que denotaba una maldad típica, ingenua y estúpida...como si aquella criatura pensara que realmente era capaz de hacer daño. El cuerpo tambaleante de lo que ahora era un hombre joven, sedado y con claras intenciones de saciar sus vicios a toda costa, se acercó al extraño casi al roce, enseñando con su sonrisa una dentadura ya podrida, su rostro bamboleante y sarcástico, casi ridículo en su forma, así como en su evidente fealdad, parecía decir sin emitir palabra alguna, lo que su mente perdida planeaba realizar. La mano el hombre aferró con firmeza el hombro del Extraño, presionando con especial fuerza aquel punto tan frágil que al ser punzado deja a la victima semi tendida, indefensa y desesperada, más el Extraño, como ya es costumbre, no emitió sonido alguno, ninguna palabra salió de sus labios y hay quedaron ambos, un hombre sonriente y otro quieto como la piedra misma que no muta ni con el rugir de cien mareas.
El joven, perturbado al ver la inexpresión típica de su “victima”, intentó intimidarlo aún más, de su bolsillo sacó una hoja afilada que no hizo mella alguna en el Extraño, nada dijo tampoco ahora, el silencio insoldable de sus labios apenas visibles terminó por exasperar al joven volviéndolo presa de una furia incontenible, del odio más enorme y la humillación más latente, sujetó al Extraño con todas las fuerzas que su lucidez a ratos perdida le permitían ejercer, zamarreando débilmente a su extraño, inmóvil, quieto y silencioso...
En el punto del clímax de la rabia y el silencio, como si ambos aportaran algo de sí mismos en aquella lúgubre callejuela, fue en ese instante de pura tensión y furia en que el Extraño por fin se movió, el joven aún zamarreándolo salió despedido por los aires de aquella fría noche, y al levantar el rostro fue victima del más terrible horror que podría proporcionar la oscuridad y la terrible maldad que en ella se aloja... Un horrible grito de dolor, terror y angustia se escuchó en todo el lugar, nadie salió a observar, ni siquiera a asomarse por alguna ventana, nadie fue testigo de lo que hay pasó en verdad, solo el Extraño en su lento andar, con su abrigo largo y ahora manchado, meneado por el débil viento ocasional, con su bufanda ahora empapada de sangre ajena, ceñida al cuello. Miró hacia atrás y vio la enorme mancha de sangre y carne informe que se hallaba en el suelo llano, un ojo raído estaba cerca de sus zapatos, como mirándolo desde la muerte y el infierno, impregnado del terror de su momento final. El Extraño recordó la sonrisa del otrora joven que ahora era una masa sanguinolenta de carne, nervios y pellejos, su sonrisa estúpida y desvariada, perdida en un mundo donde la maldad es tan inocente y absurda. Todo esto y más recordó y una sonrisa se dibujó en su rostro, una horrible sonrisa de verdadera maldad, de un horror y oscuridad que helaría la sangre a cualquier mortal. Una risa macabra se alojó en su garganta y fue expulsada por sus labios y escuchada por todos los alrededores de aquella avenida empapada de miseria y suciedad, nadie durmió aquella noche, nadie se asomó afuera para ser testigo de lo ocurrido, solo el extraño estaba hay afuera, solo el extraño avanzando en su lento andar...
miércoles, 8 de julio de 2009
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